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Avances en salud

Piel artificial iónica para hallar lesiones

piel artificial
Escrito por Juan González

Cuando hablamos de piel artificial lo primero que se nos viene a la mente es la piel que se crea en el laboratorio para hacer injertos a las personas que han sufrido quemaduras. Sin embargo, hay piel artificial que se crea con otro tipo de propósito, como por ejemplo recubrir prótesis de miembros amputados o hacer más realistas los robots que funcionarán como asistentes personales en un futuro próximo.

El problema con este tipo de piel artificial es que hasta hace poco no era más que eso, una cubierta que, además, suponía una barrera para ciertas cosas importantes. Por ejemplo, de sufrir un golpe el dispositivo alojado en su interior, era muy complicado analizar exactamente qué tipo de lesiones podrían haberse producido en el mismo. Pues bien, la llegada de la piel artificial iónica pone al fin solución a esta solución, ¡os lo contamos paso a paso!

Qué es la piel artificial

Al principio, hablar de piel para robots era hablar simplemente de una cobertura. Una capa externa que humanizaba un poco más a estos artilugios electrónicos, entre otras cosas, para darnos menos impresión. El caso es que conforme fue avanzando la técnica y fue aplicándose a las prótesis humanas, las necesidades fueron cambiando. Sí seguía haciendo falta una capa externa para estos ingenios, pero a su vez las personas que los portaban requerían de otro tipo de soluciones.

Por ejemplo, necesitaban sentir el tacto de las cosas con las que interactuaban, hecho que supuso una importante evolución en cuanto a la piel artificial. Ahora bien, la cosa no se quedó ahí, ya que una vez conseguido esto había que seguir innovando. Una de las causas era el hecho de que, en caso de que las prótesis sufrirán un golpe, sus usuarios no tenían manera de saber cómo habían sido afectadas por este. Y creednos, estas cosas ocurren mucho más de lo que pensáis, ¡aunque solo solemos darnos cuenta cuando es a nosotros a quien nos duele! Si os habéis roto un brazo alguna vez, sabréis de sobre que todos los golpes fortuitos van justo a la zona afectada…

Tras conseguir el tacto, era necesario encontrar una forma visual de saber cuándo se había recibido un golpe con la importancia suficiente como para preocuparnos por el elemento electrónico que hay bajo la piel artificial. La piel real tiene un sistema natural de lo más efectivo: si un golpe es relativamente fuerte, la rotura de vasos sanguíneos provoca un hematoma, lo que en lenguaje coloquial llamamos un moratón.  ¿Verdad?

Pues resulta que este es el nuevo avance que se ha conseguido gracias a la piel artificial iónica, una forma más directa para hallar lesiones.

Nanotecnología en la piel artificial

La nanotecnología, tecnología de tamaño nanométrico que promete cambiarnos la vida dentro de muy poco (ya lo está haciendo, pero a pequeña escala), puede aplicarse también a la piel artificial. Al fin y al cabo, si se quiere conseguir que esta cumpla las mismas funciones que la original, será necesario implementar en ella infinidad de sensores que permitan sentir el tacto, la temperatura, las lesiones e infinidad de interacciones más con el entorno.

De hecho, ya está aplicándose a nuestra ‘segunda piel’, o lo que es lo mismo, a la ropa. Cada vez son más las prendas que identifican, por ejemplo, los latidos de nuestro corazón para avisar a emergencias en caso de que haya algún tipo de anomalía. O que nos permiten interactuar con nuestro smartphone sin tener que tenerlo en la mano, gracias a ciertos gestos en determinadas zonas de la tela. Estamos al borde del estallido de este tipo de ropa y solo será posible gracias a la implementación de este tipo de innovación, ¡aunque aún habrá que ver cómo lavarla para no tirar por la borda todo el invento!

Eso sí, la piel artificial de la que venimos a hablaros hoy funciona de otro modo: identificando las señales iónicas que provoca un golpe, o dicho de otro modo, reconociendo la fuerza aplicada sobre ella para emitir una señal visual fácilmente identificable por el dueño del robot o el usuario de la prótesis que la incorpora.

¿Que cómo es esto posible? En realidad explicarlo es mucho más sencillo de lo que podría parecer, lo vais a entender enseguida, ¡porque se ha buscado un sistema que resulta de lo más fiel al comportamiento de la piel natural! ¿Os imagináis cuál es? Seguid leyendo, ¡ahora viene lo mejor!

Qué avance supone la piel artificial iónica

La piel artificial iónica funciona de un modo muy parecido a la piel humana, transfiriendo la fuerza a través de iones y cambiando de color, de amarillo a un tono más oscuro, en caso de que esta haya sido excesiva. Este código de colores, fácilmente identificable con los clásicos (y dolorosos) moratones, será el que indique al usuario de este tipo de piel artificial que es posible que exista un problema de lesiones en el dispositivo electrónico.

Esta piel artificial iónica es totalmente biocompatible y su funcionamiento es posible gracias a hidrogeles iónicamente conductores que, además de conducir la señal eléctrica, permiten este cambio de color que acabamos de comentar. La ‘magia’ está en el espiropirano, una molécula capaz de ofrecer este cambio de colo de amarillo a púrpura cuando dretecta signos de estreés mecánico.

¿Lo mejor? Que dicho color permanece durante el tiempo suficiente para detectar la anomalía, entre 2 y 5 horas, pero después vuelve a adquirir su tonalidad habitual. Esto hace que no haya que cambiar la piel artificial tras cada golpe y que cada vez que veamos uno de estos ‘hematomas’ podamos tener la certeza de que se trata de una nueva lesión y no de una ya solucionada.

Ahora solo falta que dicha piel artificial sea lo suficientemente asequible como para que cualquiera que así lo desee pueda recurrir a ella para descubrir cada posible contratiempo en una prótesis y ponerle solución con prontitud para así poder alargar su vida al máximo. No resultan nada baratas, desde luego, ¡así que cuanto más duren, mejor!

Acerca del autor

Juan González

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