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Avances en salud

Los tatuajes electrónicos que controlan el corazón

tatuajes electrónicos
Escrito por Juan González

Hay quien se quedó en el marcapasos, pero lo cierto es que la ciencia avanza una barbaridad, sobre todo la que tiene que ver nuestros órganos vitales. Ahora bien, es probable que alucinéis un poco con eso, pero.. ¿sabéis que hay tatuajes electrónicos que pueden ayudarnos a prevenir un infarto de miocardio? Así es, tatuajes que cuidan de nuestro corazón sin que nosotros nos enteremos, y que lo hacen sometiéndolo a pruebas en tiempo real y enviando la información a nuestros médicos.

Suena a ciencia ficción, ¿verdad? Lo cierto es que hasta hace muy poco lo era, pero vivimos en una época extraña que, de vez en cuando, nos deja estas maravillas. Atentos a este avance, ¡porque nos va a cambiar la vida a más de uno!

¿Qué son los tatuajes electrónicos?

Aunque parezca algo tremendamente futurista, los tatuajes electrónicos son unos dispositivos adheridos al cuerpo que sirven para monitorizar numerosas situaciones en nuestro organismo. Se trata de elementos tremendamente delgados que no solo se pegan a nuestra piel, sino que no necesitan de batería alguna, ya que se alimentan del movimiento del propio sujeto.

Los tatuajes han sido un elemento decorativo desde tiempos inmemoriales. A lo largo de la historia han servido para lucir más rudos, para estar más guapos o simplemente para demostrar que se era de un nivel social muy superior. A día de hoy, hasta hace muy poco, se utilizaba únicamente su versión ornamental, pero resulta que ahora lo que están de moda son los tatuajes inteligentes que te pueden salvar la vida.

El avance de la tecnología ya había permitido que en muy poco espacio, y en apenas unos milímetros de grosor, pudiesen introducirse multitud de recursos tecnológicos con infinidad de usos. Desde pagar en un comercio utilizando nuestros tatuajes inteligentes hasta controlar cualquier tipo de dispositivo electrónico gracias a ellos.

Eso sí, hoy nos centraremos únicamente en su uso sanitario. En cómo pueden hacernos la vida muchísimo más sencilla casi sin darnos cuenta. Y es que, a diferencia de un smartwatch, el tatuaje podemos llevar siempre puesto, ¡no hay riesgo de que se nos quede olvidado en la mesita de noche!

Composición de los tatuajes electrónicos

Al contrario de lo que mucha gente piensa, para empezar, los tatuajes electrónicos no están hechos de tinta como la entendemos a día de hoy. Llegará el día en el que la nanotecnología lo permita, eso es así, entonces sí llevaremos la tecnología inyectada en nuestra piel y las posibilidades pueden ser realmente impresionantes.

Sin embargo, aunque parecía que las posibilidades que teníamos a día de hoy iban más encaminadas a unos tatuajes electrónicos fabricados con material plástico que se pegaban a nuestra epidermis como si se tratase de una segunda piel, la cosa ha avanzado que da susto. Resulta que unos científicos de la Universidad de Duke han conseguido imprimir tatuajes electrónicos en la piel mediante un proceso bastante sencillo de llevar a cabo.

Esta nueva tinta electrónica se seca en apenas dos minutos desde su aplicación y, aunque no es tan duradera como la de siempre, sigue conservando sus propiedades tras doblarse en más de 1.000 ocasiones, ¡la verdad es que sus posibilidades son enormes! ¿Y para qué queremos un tatuaje con propiedades eléctricas? ¿Son realmente seguros? Lo son, desde luego, y poco a poco nos acostumbraremos a llevarlos en nuestros cuerpos. ¿Y eso por qué? Pues porque marcarán un antes y un después en determinados tratamientos médicos. Decir que llevarás tatuajes inteligentes para conocer tu estado de salud puede parecer algo exagerado, pero os aseguramos que no lo es para nada, ¡vais a comprenderlo enseguida!

¿En qué situaciones se utilizan?

Desde medir la temperatura corporal hasta que cambie de color en caso de contraer alguna enfermedad específica. Desde hacer electrocardiogramas sobre la marcha, o incluso electroencefalogramas, hasta elaborar vendajes a medida que sean capaces de decirnos cómo están las heridas de su interior sin tener que retirarlos.

Una de las claves de la versatilidad de los tatuajes electrónicos es su capacidad de contener biomarcadores. Estos son capaces de recoger información sobre nuestra salud y enviársela en tiempo real a los médicos que nos estén atendiendo.

  • De este modo, por ejemplo, podrán hacernos un seguimiento exhaustivo a distancia, sin que tengamos que pasar por la consulta para un control que en realidad es rutinario.
  • Gracias a ellos, es posible incluso que los médicos se pongan en contacto con nosotros para informarnos de algún problema del que ni siquiera nos habíamos percatado.

Lo cierto es que da gusto ver cómo avanza este tipo de tecnología. ¿Quién sabe? Igual llevamos toda la vida renegando de los tatuajes y ahora resulta que será uno de ellos el que nos salve la vita en un momento determinado. Eso sí, no os preocupéis, seguro que idean algo para que vayan en un sitio discretito y no tengamos que marcarnos un Mike Tyson…

Funcionamiento del tatuaje electrónico

El funcionamiento de uno de estos tatuajes se parece bastante al de los sensores que tienen elementos como los relojes inteligentes, las bandas deportivas e incluso los smart rings. Sin embargo, el hecho de estar especialmente pensados para el mundo de la salud, unido al hecho de estar en contacto directo con nuestra piel, hace que sus resultados sean aún más fiables. Y eso por no hablar de que los llevamos siempre encima, ¡que con cualquier otro dispositivo siempre andamos a vueltas con a ver dónde lo hemos dejado!

Lo bueno de este tipo de tecnología es que, una vez implantada, se puede programar para que cumpla una u otra labor específica. Esto hace que sea una forma de hacer las cosas que se adapta a todo tipo de problema y, por lo tanto, que se convierta en la solución ideal a todo tipo de contingencias.

De momento parece que nos quedan un poco lejos, pero es muy probable que en tan solo unos años, no más de cinco, nuestros doctores nos propongan llevar uno de estos ingenios en nuestro propio cuerpo. Y desde aquí os decimos… ¿y por qué no?

Acerca del autor

Juan González

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