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Inmunidad de grupo, ¿buena o mala?

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Escrito por Juan González

Descubre en este post qué es y cuáles con las características de la inmunidad de grupo. ¿Es necesaria? ¿Cómo se consigue? ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene? Vamos a intentar resolver todas esas dudas.

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¿Qué es la inmunidad de grupo?

Desde que irrumpió la pandemia de COVID-19 habrás escuchado una infinidad de veces el concepto ‘inmunidad de grupo’ o ‘inmunidad de rebaño’, aunque es posible que no sepas muy bien qué es.

La ‘inmunidad colectiva’ es un fenómeno que se da en una población cuando una parte de ella ya se ha hecho inmune a una enfermedad bien porque ya se ha contagiado previamente o bien porque ha sido vacunada y, de esta manera, se consigue frenar la cadena de transmisión que da lugar a la epidemia.

Cuanto mayor sea esa parte de la población que ya es inmune a la enfermedad, menor será el riesgo de infección para las personas que no estén inmunizadas.

La inmunidad de rebaño se produce cuando se dan, además, una serie de condiciones:

  • Existe en infecciones en las que existe un huésped único.
  • La transmisión principal es de persona a persona.
  • Las personas que la padecen consiguen una inmunidad específica sólida y duradera.

¿Es necesaria para acabar con la pandemia?

En el caso del coronavirus, los expertos aseguran que para detener la pandemia hace falta que al menos la mitad de la población mundial se vuelva inmune para que el conjunto quede protegido.

El problema de esto es que eso significa que, a la espera de las prometedoras vacunas de Pfizer y Moderna, un buen número de personas tengan que pasar la enfermedad para desarrollar anticuerpos contra el virus y eso supone un elevado riesgo ante la agresividad de esta enfermedad tan imprevisible.

Por eso es tan importante tener vacunas para inmunizar a la población. Cuando un número suficiente de personas están protegidas contra una enfermedad tan contagiosa como la COVID-19, la propagación de dicha enfermedad es más difícil, ya que aunque siempre habrá personas sin vacunar, a su alrededor la mayoría ya serán inmunes y el virus no podrá seguir propagándose más allá de grupos reducidos.

Esto se explica porque cada persona contagiada se encuentra con un número más reducido de individuos susceptibles de ser contagiados, ya que muchos ya son inmunes.

Esta inmunidad de grupo es la que detiene el contagio pero, como vemos, siempre es mejor lograrlo mediante la administración de una vacuna que dejando que la enfermedad se propague entre la población, porque ya sabemos los riesgos para la salud que eso supone.

¿Cómo se consigue la inmunidad de grupo?

Ya hemos visto que hay dos formas de conseguir la inmunidad de grupo: dejando que las personas se contagien de la enfermedad de manera natural y, por tanto, desarrollen anticuerpos, o administrando una vacuna a la población para conseguir este mismo resultado sin tener que correr el riesgo de pasar por los síntomas graves y peligrosos del coronavirus.

Es obvio que la segunda opción es la más deseable, pero al inicio de la pandemia (y todavía a estas alturas en casos aislados) hubo países que optaron por lograr la inmunidad de grupo de manera natural y no tomaron medidas de restricción suficientes para evitar los contagios.

Aquí hay un problema, además de los peligros de esta enfermedad tan letal y de los colapsos de los sistemas sanitarios por la elevada tasa de infección, y es que ni siquiera los expertos son capaces de asegurar con certeza que padecer la COVID-19 te haga inmune a la enfermedad ni por cuánto tiempo.

Por eso, hasta que lleguen definitivamente las vacunas, tomar medidas de prevención como el confinamiento, la distancia social, el uso de mascarilla o el lavado de manos son esenciales para actuar de cortafuegos ante la propagación del virus.

Efectos positivos y negativos de la inmunidad de grupo

Con todo lo expuesto, lo lógico es pensar que la mejor manera de alcanzar la inmunidad de grupo en el mundo frente a la COVID-19 es vacunarse de la enfermedad, puesto que la vacunación sistemática de la población aumenta la proporción de personas que son inmunes frente al virus y de esta manera se impide su transmisión y se frena la epidemia.

Pero al principio de la pandemia, como ya hemos señalado, esta idea de la inmunidad de grupo se asociaba solamente a la transmisión natural del virus, dejando que una buena parte de la población se contagiara y desarrollara anticuerpos por sí misma.

Ahora sabemos el desastre que hubiera supuesto no tomar medidas de aislamiento y protección para evitar la propagación de la enfermedad en la medida de lo posible.

El mejor ejemplo de la evolución de la enfermedad, de lo que se creía sobre ella al principio de la pandemia y de lo que ahora se sabe, lo tenemos en Reino Unido. Fue el primer país en hablar abiertamente de inmunidad de grupo natural, dejando que la población se contagiara y desarrollara anticuerpos. Entonces el primer ministro, Boris Johnson, se infecto de coronavirus y, con síntomas graves, tuvo que ser hospitalizado. A partir de ahí el gobierno comenzó a tomar medidas restrictivas, una buena parte de las cuales todavía mantiene. Y, de hecho, es el primer país que ha autorizado la administración de la vacuna a la población británica.

Pero lograr la inmunidad de rebaño a través de la vacuna tampoco va a ser tarea fácil. Para empezar, porque la vacuna tardará en llegar todavía un poco más, pero también por otros factores:

  • No existe una igualdad de oportunidades de acceso a la vacuna en todos los países del mundo.
  • Todavía se desconoce muchos aspectos de la enfermedad, lo que tampoco hace posible conocer la efectividad real de las vacunas.
  • Se ha extendido una cierta corriente negacionista en algunos sectores de la población que ni dan importancia al virus ni a la necesidad de ponerse la vacuna.

Son problemas de difícil solución si se quiere erradicar la pandemia lo antes posible y que la mayor parte de la población esté protegida frente a la enfermedad. Es un reto que requerirá de esfuerzos importantes por parte de los gobiernos y de una implicación máxima de la población para acabar con la COVID-19.

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Juan González

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