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Avances en salud

Dispositivo de asistencia ventricular (VAD)

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Escrito por Juan González

Un dispositivo de asistencia ventricular es uno de esos aparatos maravillosos que dan vida, y en esta ocasión lo decimos de forma literal. Si tenéis o habéis tenido algún familiar con insuficiencia cardíaca es probable que ya os suene de algo, y si no… Atentos, ¡siempre conviene saber cómo funciona este tipo de salvavidas mecánico!

¿Qué son los dispositivos de asistencia ventricular?

El ser humano no debería tardar mucho más en ser capaz de producir corazones completamente funcionales en laboratorio. Ahora bien, hasta que esto ocurra, los dispositivos de asistencia ventricular son una de las mejores opciones para las personas con insuficiencia cardiaca. No son corazones mecánicos propiamente dichos, pero sí unas máquinas que ayudan considerablemente a que el corazón del afectado siga latiendo a un ritmo que le permita continuar viviendo sin demasiados sobresaltos.

¿Y qué es lo que hacen los DAV (VAD en inglés, que los anglosajones siempre van al revés), exactamente? Pues ayudar a los ventrículos, las dos cavidades inferiores de nuestro órgano principal, a bombear la sangre de la forma más similar posible a como lo haría un corazón completamente sano. La  insuficiencia cardiaca impide que el corazón se llene de sangre como debería, así como que la lance por el sistema circulatorio con suficiente presión. El DAV soluciona esto de forma temporal hasta que llega el ansiado corazón humano de repuesto.

Tipos de dispositivo de asistencia ventricular

Como ya habréis supuesto, del mismo modo que los corazones tampoco lo son, no todo dispositivo de asistencia ventricular es igual al resto. El motivo, claro está, es que las necesidades del paciente, así como su envergadura, determinan por completo el tipo de VAD que necesita. ¿Y eso por qué? Lo vais a entender enseguida.

Para empezar, no es lo mismo el cuerpo de un niño, o de una mujer pequeña, que el de una mujer con más volumen o el de un hombre ‘estándar’. Hay modelos demasiado grandes para los primeros y otros que son insuficientes para los segundos. Si tenemos en cuenta que el dispositivo de asistencia circulatoria mecánica debe hacer las veces de corazón, hay que procurar que su funcionamiento se asemeje lo máximo posible al que el sujeto tendría en ese momento.

Otro de los parámetros a tener en cuenta es precisamente su funcionamiento:

  • Si el dispositivo de asistencia ventricular se coloca de forma puntual, como puente hasta un trasplante, suele optarse por un modelo alimentado con aire. Este proviene de una gran consola y es el que se encarga de repartir la sangre por cada rincón del organismo. Eso sí, son para uso a corto plazo, ya que hacen que el paciente vea su vida muy limitada.
  • En caso de que se estime que la situación se prolongará en el tiempo, puede optarse por un dispositivo de asistencia ventricular alimentado con electricidad. En este caso, el rango de movimiento del paciente aumenta considerablemente. Se sirve de una batería que suele ir adosada al hombro y tiene varios niveles de velocidad en función del nivel de actividad que desarrolle el sujeto en cada momento. Resultan ideales para que el paciente haga vida relativamente normal hasta que llega su trasplante.

¿Por qué se usan?

Aunque el motivo principal por el que se usa un DAV es el mal funcionamiento de un corazón, podemos diferenciar hasta tres situaciones en las que se hace necesario recurrir a este tipo de tecnología:

  1. De forma temporal hasta que llegue el momento del trasplante. Aunque en España somos líderes en este tipo de intervenciones, lo cierto es que los corazones no abundan. Es por eso que la instalación de un dispositivo de asistencia ventricular se convierte en una de las mejores soluciones hasta que pueda implantarse la definitiva, que sería el trasplante.
  2. También de forma temporal, pero no como puente hacia un trasplante. Hay veces en las que el corazón atraviesa una bajada de capacidad cardíaca. La cosa no llega a la gravedad de necesitar un trasplante, pero sí es lo suficientemente seria para necesitar una ayuda extra. En este caso, el dispositivo de asistencia mecánica del corazón trabajar en parte por él, haciendo que el músculo descanse y pueda reponerse. En ese caso, llegado el momento, el aparato se retira y el paciente continúa haciendo vida normal.
  3. En ocasiones el daño en el corazón es tan grave que requeriría de un trasplante, pero las condiciones del paciente lo desaconsejan por completo. Por eso, el dispositivo de asistencia ventricular se instala de forma definitiva, normalmente hasta el fin de la vida del paciente. En este caso lo más normal es recurrir a un aparato alimentado por electricidad, que permite al sujeto irse a casa y hacer una vida lo más normal posible dentro de sus posibilidades.

Riesgos de los dispositivos de asistencia ventricular

Los riesgos derivados del implante de un dispositivo de asistencia ventricular son numerosos. Eso sí, teniendo en cuenta que la alternativa más plausible es la muerte, conviene correrlos…

  • Problemas técnicos: No hay máquina perfecta. Ni siquiera el cuerpo humano lo es, ¡o no estaríamos hablando de dispositivos de asistencia ventricular! De ahí que pueda haber fallos en su funcionamiento que afecten directamente a nuestra salud.
  • Coagulación: El uso de un DAV puede formar coágulos en el torrente sanguíneo, lo que puede ocasionar a su vez accidentes cerebrovasculares. De ahí que el médico nos recete anticoagulantes y debamos llevar un estricto control de sus efectos en nuestro cuerpo.
  • Problemas en el ventrículo derecho: Lo habitual es que el afectado sea el izquierdo. Eso sí, la exigencia del DAV puede terminar acarreando contratiempos también en el derecho. Si esto ocurriese, necesitaremos medicación específica o el implante de un dispositivo de asistencia biventricular.
  • Infecciones, a la orden del día: El aparato está fuera de nuestro cuerpo y está conectado al corazón a través de una abertura en nuestra piel. Esto es una fuente de infecciones bastante recurrente, por lo que hay que estar atentos a cualquier signo que así nos lo indica. Inflamación de la piel, enrojecimiento, dolor…
  • Sangrados: Lo delicado de la operación, a corazón abierto, unido al consumo de anticoagulantes, hace de los sangrados en el sistema digestivo o incluso en el cerebro sean posibilidades más que posibles. Por eso conviene estar muy atentos a cualquier tipo de señal y no dejarla pasar.

Resultados de su uso

Como ya hemos dicho, un dispositivo de asistencia ventricular, como por ejemplo el Heartmate 3, puede llegar a durar años. Dependerá del tipo de patología y de la intención con la que nos lo hayan implantado. Cierto, la preocupación por que se detenga de repente siempre está ahí, pero se aprende a vivir con ella.

Lo cierto es que con un buen seguimiento médico y una correcta rehabilitación cardiaca, podremos volver a hacer vida normal, incluso a practicar ejercicio.

Acerca del autor

Juan González

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