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Descubre las nuevas vacunas Pfizer

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Escrito por Juan González

Al final ha sido una farmacéutica estadounidense la que se ha llevado el gato al agua. Si todo va bien, las vacunas Pfizer serán las primeras en ser inoculadas en una población que esperaba un remedio contra la Covid-19 como agua de mayo. Hace unos meses, cuando os hablamos de la posible fecha de llegada de una vacuna Covid-19, la vacuna de Pfizer estaba entre las candidatas. Eso sí, aunque parecía que la de Oxford sería la primera en llegar, los creadores de la archiconocida Viagra han adelantado por la derecha a sus competidores y han llegado a la meta antes que nadie.

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Ahora toca ver cómo funcionarán las vacunas Pfizer, si de verdad son eficaces, cómo llegarán a la población o cómo se distribuirán. Muchas incógnitas, sí, pero intentaremos responderlas todas en esta entrada, al menos dentro de la medida de lo posible. Al final, por mucho que intentemos vaticinar lo que va a ocurrir, habrá que esperar a que se empiece a funcionar con la vacuna laboratorio Pfizer para ver en qué queda la teoría. ¿Qué os parece si nos ponemos a ello? ¡Recordad que podéis preguntarnos todos lo que queráis en los comentarios del final del post!

¿Cómo funcionan las vacunas Pfizer?

El hecho de haberse convertido en la primera farmacéutica del mundo en anunciar una vacuna realmente efectiva contra el coronavirus ha puesto en el punto de mira a Pfizer. Al menos, para consuelo de algunos, se trata de una compañía de sobra conocida tanto por los expertos médicos como por el usuario de a pie. Esto, desde luego, nos da un poco más de confianza que, por ejemplo, la supuesta vacuna rusa, una Sputnik V que, nos vais a perdonar, habríamos tardado un poco más en consentir ponernos. Eso sí, tras la publicación de la llegada de la vacuna de Pfizer, han llegado las primeras preguntas.

Por ejemplo, ¿cómo funcionan estas vacunas Pfizer? Hasta donde sabemos, y si la cosa no cambia antes de su llegada, será necesario ponerse dos dosis para estar completamente protegidos. La primera, con una carga vírica moderada, y la segunda con un mayor contacto con el temido SARS-CoV-2. Suena mal, lo sabemos, pero al final una vacuna Covid-19 es eso precisamente lo que tiene que hacer. Ponernos en contacto con el coronavirus de una forma controlada para así poder combatirlo con plenas garantías en caso de resultar contagiados.

¿Y cómo funciona en términos de efectividad? Aunque profundizaremos sobre ello a lo largo de la entrada de hoy en Health Tech Spain, podemos adelantaros desde ya unas palabras de su creador. El responsable de las vacunas Pfizer/BioNTech asegura que, tras inocularnos el remedio, podríamos desarrollar hasta 12 meses de protección. En torno a un año de supuesta tranquilidad en el que, ojo, tendríamos que seguir manteniendo las mismas precauciones, pero en el que viviríamos con menos miedo. No es poca cosa, desde luego, y más teniendo en cuenta cómo ha transcurrido el año 2020 prácticamente en toda su totalidad.

¿De verdad es tan eficaz?

Para empezar, el mismísimo Donald Trump ha culpado a Pfizer de cobardía por haber anunciado su remedio contra el coronavirus llegado desde Wuhan tras las elecciones en EE.UU.. Claro, sabía de sobra que eso habría supuesto un giro radical en las urnas, así que oye, habrá quien diga que esta vacuna laboratorio Pfizer ya ha merecido la pena.

Eso sí, al margen de bromas, y centrándonos en la eficacia del remedio como tal, las vacuna Pfizer han supuesto un auténtico paso de gigante en la lucha contra la Covid-19. Al menos sobre el papel, desde luego, porque aún habrá que ver cómo reaccionan los sujetos vacunados tras recibir sus respectivas dosis. Se ha pasado del 50% de inmunidad de la varias veces paralizada vacuna de Oxford, en la que España tenía puestas todas sus esperanzas, al 90% de la vacuna de Pfizer. Esto es, de un porcentaje bastante liviano en términos de supervivencia, a uno en el que prácticamente se nos asegura el blindaje contra ‘el bicho’.

Además, tal y como ya hemos mencionado, sus creadores aseguran que la inmunidad podría acompañarnos durante nada más y nada menos que un año. La verdad, teniendo en cuenta que la etapa de desarrollo de una vacuna normal dura años, en ocasiones incluso una década, y que esta ha sido desarrollada en meses… no está nada mal. La urgencia, unidad a la carrera mundial por convertirse en una referencia mundial a nivel sanitario, ha hecho que los científicos de todo el globo se hayan apretado las tuercas de las neuronas al máximo. Y bien orgullosos que deberíamos estar de ellos.

A título informativo, Pfizer es la creadora de Viagra, un medicamento contra la disfunción eréctil que ha solucionado la vida de muchas parejas. Habrá quien se fíe bastante de este laboratorio.

¿A quién se vacunará en primer lugar?

Entre los muchos debates que se han abierto durante los meses de investigación en busca de una vacuna Covid-19, uno de ellos ha destacado por encima del resto. Vale, pongamos que encontramos una vacuna y que es eficaz… ¿a quién se vacunará en primer lugar? El Gobierno estadounidense de Trump ya intentó comprar en exclusiva la vacuna de un laboratorio alemán, supuestamente la más avanzada en aquel momento, para los habitantes del país norteamericano. La cosa no funcionó, la compañía dijo que Alemania no se vendía, pero el gesto no gustó nada a la comunidad internacional.

No, la vacunación no debería priorizarse por países, sino por grupos de riesgo. Así, en una especie de pacto no escrito, se decidió que los primeros grupos poblacionales debían ser estos:

  • Médicos y personal sanitario, el sector más azotado por la pandemia. Atención, no solo por eso, sino porque si ellos enferman, e incluso llegan a fallecer… ¿quién cuidaría del resto?

Alemania precisamente ya ha avisado de que en la segunda ola de la Covid-19 cuenta con más camas que personal sanitario para atenderlas. Esto, desde luego, podría traducirse en catástrofe si no se cuida al personal cualificado. Ahora bien, hay otro grupo poblacional que, sin tener estudios sobre medicina o relacionados, o sí, está al mismo nivel que ellos.

  • Las personas mayores de 65 años, un blanco perfecto para el dichoso SARS-CoV-2. Son el principal grupo de riesgo, el que más está ingresando en las UCIs de todo el mundo y al que más hay que proteger.

¿Y el resto? Habrá que verlo. Personas con otras patologías, ya sean niños o mayores, profesionales expuestos a contacto constante con el público… y, por desgracia, los que puedan pagársela. De esto, amigos, también habrá. Y no poco.

¿Cuándo llegará?

Poco imaginaba el Gobierno español, tras anunciarse la primera paralización de la vacuna de Oxford (luego hubo alguna más), que en el mes de noviembre estaría cerca de cumplir su promesa. Tanto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como el ministro de Sanidad, Salvador Illa, se columpiaron un poco al asegurar que los españoles tendríamos acceso a una vacuna viable a finales de 2020. Confiaron en los plazos de un remedio, una vacuna Covid-19, a la que aún le quedaba por delante la fase más complicada: ver cómo reaccionaba en humanos.

Por fortuna para ellos, y para todo el mundo, parece que las primeras vacunas Pfizer sí que llegarán, como muy tarde, a principios de 2021. De rebote, sí, pero las tendremos. No hay fecha concreta, desde luego. Primero hay que producirla, y hacerla en una cantidad suficiente como para que llegue al mismo tiempo a todos los países que la han solicitado. Por lo visto, es al acuerdo al que se ha llegado. Esto hace que en Health Tech Spain optemos más bien por la vía de 2021, por lo que, por mucho que abran el puño en la época navideña con las restricciones, más nos vale andarnos con cuidado.

¿Y ya está? ¿Así de fácil? Ojalá… No, por desgracia la cosa se complica una vez más. Las vacunas Pfizer requieren de un tipo de conservación muy específico, uno que requiere de unas condiciones difícilmente replicables en España. Sin él, la vida útil del remedio es de tan solo 6 horas, lo que provocaría que gran parte de las vacunas se perdiesen por el camino, ¡menuda catástrofe! Hay que idear una forma de llevarla a todos los rincones del mundo, y en ello es en lo que las autoridades tendrán que trabajar de aquí en adelante.

¿Cómo se distribuirá?

En principio, los primeros en recibir vacunas serán EE.UU. y Gran Bretaña, en ese orden, y posteriormente todos los miembros de la Unión Europea. Entre estos últimos, que han hecho una compra conjunta de 300 millones de dosis, se ha decidido que el reparto se haga en función de los habitantes de cada nación. A España, en la primera oleada de vacunaciones, llegarán 20 millones de dosis. Esto que implica que serán 10 millones de personas, menos del 20% de la población, las que podrán ser vacunadas mientras esperamos la llegada de más refuerzos en forma de vacunas Pfizer o de algunas de las otras que siguen desarrollándose.

Eso sí, tal y como decíamos en el apartado anterior, las distintas Administraciones públicas deberán hacer frente a un problema común: Las vacunas Pfizer deben conservarse a una temperatura de -80ºC para conservar sus propiedades completamente intactas. Un fallo en la cadena de frío y todo el lote se iría al garete en una abrir y cerrar de ojos. ¿El problema? Que prácticamente ninguna institución médica en nuestro país está preparada para albergar un cargamento así, por lo que los millones de vacunaciones deberían llegar a destino y ser inoculadas en sus receptores en menos de lo que dura una jornada de trabajo. De locos. ¿Qué hacer ante esto?

  • Lo primero que se propuso fue una mina asturiana. La instalación ya contaba con las canalizaciones necesarias para este cometido, las variaciones que había que hacerles eran mínimas y perfectamente abarcables.
  • La aparición de unas instalaciones clínicas en cataluña con capacidad suficiente para almacenar las vacunas Pfizer a dicha temperatura cambió el panorama, aunque esto no soluciona cómo llevarlas hasta Galicia, Andalucía o Melilla y cómo conservarlas allí.

Nos enfrentamos a un gran desafío, habrá que ver cómo se soluciona.

¿Conseguirá la inmunidad de grupo?

Lleva hablándose de la inmunidad de grupo desde el comienzo de la pandemia de coronavirus. De hecho, países como Gran Bretaña tardaron en tomar medidas porque confiaron sus estrategias a dicha carta. En el caso de los ingleses, el hecho de que su Primer Ministro, Boris Jhonson, contrajera la enfermedad y la sufriese en sus propias carnes, cambió la historia.

El concepto de inmunidad de grupo, o inmunidad colectiva, se basa en la teoría de que si una parte suficiente de la población se vuelve inmune a una enfermedad, los riesgos para los que no lo son se hacen mucho menores. Básicamente, el crecimiento del contagio no puede estar tan descontrolado, por lo que los casos positivos pueden cercarse y tratarse de forma mucho más directa. Hasta aquí bien, pero este coronavirus ha demostrado no ser un virus ala antigua usanza. Dicen que todas las generaciones se enfrentan a una pandemia (la última que se recuerda en nuestro país fue hace justo un siglo, la de la gripe española). El problema es que nunca se había visto un virus que causase tales efectos, ni por asomo.

Lo último que se está comentando es que, teniendo en cuenta que estamos hablando del mortífero SARS-CoV-2, la llegada de la inmunidad de grupo no llegaría hasta que se vacunase al menos un 80% de la población mundial. Esto es, 4 personas de cada 5. Y de momento estamos bastante lejos de dicho objetivo. Hasta que no se nos empiece a inyectar y comprobemos que funciona y no provoca efectos secundarios nocivos, la vacuna Covid-19 no es más que una esperanza. La mejor que tenemos desde el comienzo de toda esta historia, desde luego, pero las vacunas Pfizer no dejan de ser una esperanza al fin y al cabo.

Qué opinan los distintos países de la inmunidad de grupo

Mientras hay quien asegura que algunos barrios de Madrid estarían muy cerca de alcanzar la inmunidad de grupo, en otros Estados europeos no son tan optimistas. En Bélgica, por ejemplo, los expertos consideran que alcanzar dicha inmunidad costaría cerca de cuatro veces más muertos, un precio que, que sepamos, no hay país dispuesto a pagar. En España, por ejemplo, el jefe de Medicina Preventiva del Hospital Ramón y Cajal de Madrid considera que no es ético ni aceptable. A España, alcanzar la inmunidad colectiva de forma natural le supondría cerca de 400.000 fallecidos más, lo que es una auténtica locura.

Eso sí, países como Brasil, donde su presidente Jair Bolsonaro sigue restándole importancia a la enfermedad, o el mismísimo Estados Unidos bajo el mando de Donald Trump, no parecen ver esta opción con tan malos ojos. Puede que olviden, tal y como se ha demostrado en nuestro país, que el hecho de haber pasado la enfermedad no nos inmuniza para nada contra ella. Que hay personas que la han contraído tan solo unas semanas después de contagiarse por primera vez. Y, parece mentira, que, supuestamente, tanto Bolsonaro como Trump han tenido que enfrentarse a la Covid-19, y la cosa en este último caso costó incluso tener que estar conectado a un respirador.

Las vacunas Pfizer, con su promesa de alrededor de un año de inmunidad, son lo más cerca que estamos de momento de alcanzar una inmunidad de rebaño realmente factible. El problema es que la vacuna del laboratorio Pfizer tiene el difícil reto de producir dosis suficientes para todo el mundo. Literalmente. De hecho, teniendo en cuenta que la dosis debe ser doble, necesitamos, como mínimo, el doble de dosis que habitantes hay en el planeta. Que se dice pronto.

¿Son seguras las vacunas Pfizer?

La lógica dice que, si las vacunas Pfizer pasan todos los controles de las distintas agencias sanitarias, deben ser seguras. El problema es que la insistencia de la Organización Mundial de la Salud a los distintos organismos para que no pongan trabas a la hora de dar su ok… no termina de oler del todo bien. Sí, entendemos que es un trámite que debe agilizarse al máximo, pero siempre teniendo claro que se hace porque el producto es realmente de calidad.

La OMS es, o debería ser, uno de los organismos más respetables dentro del ámbito sanitario a nivel mundial. Pero conviene recordar que en esto, al igual que ha podido pasarle a Fernando Simón, cuya ‘cabeza’ piden ahora los Colegios médicos españoles, no han estado del todo finos. Aún recordamos al presidente del organismo bromeando al toser durante los primeros días de pandemia, diciendo que “tranquilos, no es Covid”. O cómo nos dijeron que la mascarilla no era necesaria durante una primera oleada en la que toda precaución era poca. Principalmente, porque no sabíamos a lo que nos enfrentamos.

¿Son seguras las vacunas Pfizer? Si las ponen a disposición de la población, al menos han debido poder testar que no tendrá efectos negativos sobre la misma. Ahora, si son capaces de lograr un 90% de inmunidad sobre los vacunados, solo el tiempo lo dirá. De momento hay quien asegura que no piensa ponérsela por nada del mundo, al menos no hasta ver cómo reaccionan los primeros valientes que sí que se atrevan con ella. Nos toca pensar que sí, que las vacunas Pfizer son seguras. Y efectivas. Y no porque queramos, o porque confiemos más o menos. Nos toca pensarlo porque necesitamos que así sea, y esa es una realidad que no podemos cambiar por mucho que queramos.

Voluntarios, no todos los héroes llevan capa

En mitad de toda la vorágine con la Covid-19, comenzaron a surgir los primeros test de posibles vacunas. Se trataba de probar unos medicamentos ya existentes para combatir otros males y ver si eran válidos también contra el coronavirus surgido en Wuhan. O de desarrollar unos completamente nuevos. Pero claro, todo eso había que probarlo en personas reales, ver cómo reaccionaban sus cuerpos, y para eso hacían falta voluntarios. Había que ver si desarrollaban inmunidad real, si se quedaban tal cual o si, en el peor de los casos, sufrían algún otro tipo de problema derivado de la medicación. Podía pasar de todo, lo sabían, pero aún así decidieron sacrificarse por el resto de la humanidad.

Entre ellos, claro está, había españoles. Un enfermero residente en Reino Unido, una madre y una hija a las que eligieron precisamente por su parentesco… Conocimos la identidad de unos cuantos gracias a la televisión, pero la mayoría permanecieron en el anonimato. La vacuna de Oxford, en la que más esperanzas puso España en un principio, se vio paralizada en varias ocasiones por el desarrollo de distintas enfermedades por parte de algunos voluntarios. Nunca se aclaró si había sido pura coincidencia o a consecuencia de los distintos ‘experimentos’ de los que habían sido objeto… pero ahí queda.

Y eso por no hablar de los que pensaron que podían estar inmunizados y en realidad habían recibido un placebo. Es decir, una inyección de suero, sin ninguna propiedad médica, para ver cómo funcionaban sus cuerpos al pensar que habían recibido la medicación. Detrás de todo estudio médico, sobre todo para una vacuna, hay una gran labor científica, pero también una gran valentía por parte de los ‘conejillos de indias’ que sacrifican su bienestar en pro del bienestar global.

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Juan González

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